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Porque los indiferentes, los apáticos, los tibios, los que no toman partido, los insolidarios, los que prefieren vivir su vida plácidamente, de espaldas al sufrimiento de tantos compatriotas, tienen también su cuota de responsabilidad por lo que ha pasado y lo que podría pasar si insisten en mirar para otro lado, si se niegan a hacer parte de un proyecto que puede ser el comienzo del fin de un conflicto de décadas que ha dejado sin tierra a más de cuatro millones de personas. Una tragedia que la indiferencia hizo posible y frente a la cual la indiferencia ha sido la respuesta.